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  • Elkin Botero

Así nada cambie, si yo cambio, todo cambia


Miguel es un hombre de buenas intenciones, siempre lo ha sido y todo lo que ha logrado, ha sido gracias a su tenacidad y empeño en conseguirlo, puede mostrar en su palmarés grandes logros, ha crecido casi desde cero una compañía, presidido un par más y sigue soñando y fortaleciendo negocios, pero el talón de aquiles de Miguel es su estilo de liderazgo fuerte e imperioso, coercitivo para ser más exactos en palabras de Daniel Goleman, a la hora de dirigir y tomar decisiones, a pesar de su relativo éxito, su temperamento, una mezcla de terquedad, impulsividad y poca escucha, le han traído muchos problemas, al punto de tener que dar un paso al costado en varias oportunidades.


Nadie puede desconocer la capacidad que tiene Miguel para gestionar, es un excelente conector de personas, maneja con calculo las relaciones y logra con empeño, fuerza y tesón sacar adelante sus proyectos, pero dejando en el camino algunos enemigos, que se han sentido maltratados, excluidos o menospreciados por su carácter y en algunos casos, fuertes decisiones. Para completar el cuadro no ha sabido rodearse de los mejores, siempre se ha quedado corto en la selección de aquellos que lo deben apoyar, basándose mucho en su intuición y percepción y menospreciando a los que saben del tema, por considerarlos innecesarios ante su gran olfato.


El carácter fuerte de Miguel, ha ocasionado que la cultura de las compañías que ha dirigido se tornen complejas para trabajar, por un lado existe un miedo permanente a sus reacciones y de paso ha ocasionado que la transparencia brille por su ausencia, pues las personas sin importar su nivel en la organización, prefieren ocultar las cosas, esperando un milagro, antes que tener que decirle a Miguel que no se puede, no se hizo o no es posible y cuando algo se logra filtrar, las consecuencias para el culpable, porque siempre debe aparecer un culpable, es el descrédito y la lapidación publica de sus actos, dejando a las personas por el piso, pues en su tono burlón y sin importar frente a quien, siempre sacará el tema a relucir para hundir más al acusado.


Pero no todo es criticable en Miguel, sin duda tiene grandes ideas, quiere seguir transformando su organización y en su discurso hacia afuera de la organización, deja ver una visión interesante para seguir creciendo, pero no acompaña ese deseo y esa visión con sus actos, pues a las primeras de cambio vuelve a su estilo arcaico de dirección, decisiones absolutas, enojos épicos y golpes de escritorio, parafraseando la canción: aquí el que manda soy yo y si no te gusta vete...


Es poco probable lograr con éxito un plan de transformación cultural, digital, estratégico o como lo queramos llamar, si antes de hacerlo no hacemos un proceso de transformación personal, sin importar la edad, la experiencia o el éxito pasado, de hecho es justo eso el principal freno a los procesos, que nos quedamos dormidos en los laureles del éxito pasado y no vemos la hecatombe que se nos avecina si no cambiamos, rompemos paradigmas y eliminamos las barreras, muchas de ellas en nuestra propia mente.


El problema actual de Miguel es complejo pues por un lado necesita cambiar la cultura de su organización y asegurar su permanencia en el tiempo, pero si no cambia su mentalidad y revisa sus formas, crea un ambiente de trabajo más tranquilo e incluyente y promueve el desarrollo de liderazgo desde la base y hacia la base, va a ser muy complejo que logré cambiar algo, además que no hay quien le de la talla para apoyarlo, pues como ya dijimos antes, su afán por tener los resultados inmediatos, lo ha llevado a descartar buenos elementos de su equipo, al no perdonar sus equivocaciones y no tener la paciencia y menos la dedicación de apoyarlos en su desarrollo.


El proceso de transformación que quiere y busca para su organización debe pasar primero por ajustar su estructura, eliminar los obstáculos y las anclas que no dejan que la organización avance, pasando por algunas personas anquilosadas que solo ponen palos en la rueda (aunque muestran lo contrario) y cambiar el modelo de liderazgo, por uno que permee a toda la organización, un liderazgo que promueva, celebre e impulse las buenas ideas, que construya conexiones con los equipos, que sea tolerante a los errores como oportunidad de aprendizaje y donde todos sin excepción sean escuchados.


Pero esto no será posible si Miguel, a pesar de sus éxitos pasados y "sin que nadie le quite lo bailao", de ese gran paso de iniciar su propia transformación, porque el tiempo sigue pasando inexorablemente y su legado está en peligro. La pregunta para Miguel y para muchos como él que puedan estar leyendo estas líneas es: ¿Cómo quiero ser recordado el día que ya no esté? y espero que la respuesta sea la de un gran líder que supo, sin importar sus años de experiencia y triunfos pasados, transformarse y transformar su organización para llevarla al siguiente nivel de la mano de su equipo. Como bien decía Marcel Proust:


"Así nada cambie, si yo cambio, todo cambia"

Elkin Darío Botero Ramirez

Socio - Consultor



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