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  • Elkin Botero

Amedrentar no es liderar...

Carlos es un empleado eficiente, tiene oportunidades en su desempeño, como muchos, pero su actitud, ganas y amor por la compañía, hacen que su trabajo sea reconocido y valorado, salvo para su jefe, que por su perfil perfeccionista y exigente y por creerse dueña de la verdad revelada sobre cómo debe hacerse todo, nunca nada de lo que hace Carlos es bueno, suficiente o correcto, a menos que el peso de los hechos demuestren lo contrario.


Este rifirrafe permanente con su jefe genera un estrés permanente en Carlos al punto que lo hace dudar todo el tiempo de sus capacidades lo que disminuye su desempeño y mina su confianza.


La jefe a quien llamaremos María, es además una persona intrigante y mal intencionada que hace todo lo que puede por ganarse el reconocimiento de sus jefes así tenga que pasar por encima de su equipo o de sus pares, a quienes también valga la pena comentar, menosprecia y difama sin compasión con tal de quedar bien ante la alta dirección.


A estas alturas del relato muchos pensarán que todo es imaginación, pero no es así, este personaje existe y creo que no hay solo uno, pululan en las organizaciones y son demasiado tóxicos para la cultura y el ambiente de trabajo.


Nuestro amigo Carlos, acaba de regresar de unas merecidas vacaciones, durante las cuales su jefe hizo hasta lo imposible por hacerle quedar mal con todo y con todos, para fortuna de Carlos muchos en la compañía lo conocen y aprecian y también saben lo bajo y ruin de algunas de las tácticas de María, sin embargo con sus actuaciones logra dejar un mal ambiente y sembrar dudas sobre el trabajo de Carlos.


Al llegar de sus vacaciones y sin haberse sentado aún frente a su computador para ponerse al día en sus responsabilidades, recibe la visita de su jefe, quien de manera inspiradora y locuaz le dice - espero vengas descansado, pues el Gerente sigue desconfiando de tu trabajo y quiere sacarte de la organización - cosa que obviamente es falsa, pero que es su táctica de amedrentamiento para bajar la moral y poder ejercer su dominio.


La actitud de María, reprochable por demás, es la típica táctica deportiva, donde le pone al jugador talentoso quien lo marque con fuerza y mala intención para que después de un par de patadas o codazos, según el deporte, mengüe en su juego y baje su rendimiento.


El liderazgo no es un juego de malas intenciones, maltratos y abusos de poder, eso es de capataces y señores feudales, el liderazgo exige de quienes ostentan esa posición de la capacidad de inspirar, valorar, reconocer, alentar, motivar y ante todo cuidar y proteger a cada miembro del equipo, independiente de sus capacidades o afectos. Cuando como líder dedicó mi tiempo y energía a liberar y potencializar el talento de cada persona que trabaja conmigo, los resultados no pueden ser más que extraordinarios.


Los lideres como María no hacen más que generar resentimiento y desmotivación a su paso, así para sus jefes sean imprescindibles por sus resultados, sin darse cuenta que no son sostenibles en el tiempo y que a la larga generan una gran deserción dentro de la organización de personas con talento, lo que es un proceso costoso y difícil para las compañías.

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