¿...y qué pasa después?

 

Cada día nos sorprendemos más de la velocidad de los cambios y la futilidad de la vida, lo que hoy tenemos, donde hoy estamos y lo que hacemos, en un abrir y cerrar de ojos cambia, y cuando menos pensamos estamos en otra situación, trabajo, vida, relación o proyecto y cada vez es más y más rápido el cambio.

 

La pregunta que seguro taladra consciente o inconscientemente en nuestro cerebro todo el tiempo es... ¿y que pasa después?, y como no tenemos una respuesta, es la incertidumbre la que empieza a hacer mella en nuestro cerebro y se genera un miedo visceral, que muchas veces no somos capaces de describir o entender.

 

Ese miedo nos paraliza, evita a toda costa que tomemos decisiones, nos hace sentir incómodos y arruina muchos de nuestros sueños, es como un freno de nuestro cerebro que paraliza nuestra decisión y evita que nos arriesguemos más allá de nuestra zona de confort.

 

Hace unos pocos días perdí a mi madre, uno de las situaciones más dolorosas que he vivido en toda mi existencia, pero a pesar de lo duro y difícil que ha sido el proceso su valentía nos dejó muchos aprendizajes, cuando supo que estaba en etapa terminal y que las soluciones medicas requerían más que un milagro y que a pesar del milagro sus condiciones de vida serían infinitamente precarias, llenas de dolor y sufrimiento, tomó la decisión más trascendental de su vida, no hacer nada y afrontar estoicamente el proceso de su muerte inminente.

 

En algunos de los diálogos que tuvimos a lo largo de su vida y especialmente en sus últimos días, le hicimos una pregunta, que podría ayudarla en su proceso - ¿que esperaba que pasara después? - su respuesta siempre fue la misma: No pasa nada. Esa respuesta y esa seguridad le dio fortaleza y valentía para desapegarse de esta vida y morir cuando era su momento.

 

Muchos que lean este articulo pensaran que le faltaba espiritualidad o quizás que no era una persona religiosa, todo lo contrario su fe le ayudo a desprenderse de esos miedos y no considerar la incertidumbre en su decisión; pensó en lo que estaba viviendo, en el aquí y el ahora de su vida y en que el cuerpo, ese que tenía enfermo y en un alto estado de deterioro, solo era un vehículo material para el paso en esta vida, pero su alma, su espíritu, su esencia se mantenía intacta y así lo tuvo hasta el ultimo instante.

 

De haber hecho caso a las tradiciones y costumbres, el miedo a lo desconocido, del premio o el castigo por nuestras acciones en este mundo, creo que no habría sido capaz de tomar ninguna decisión.

 

Guardando las proporciones, así pasa cada vez en nuestra vida, soñamos con cosas maravillosas, tenemos grandes ideas sobre lo que queremos y podríamos hacer , pero el miedo a lo desconocido, el no tener la respuesta a esa pregunta de - ¿...y que pasa después? - pone freno en nuestro cerebro y nos roba el valor de decidir, de salir de nuestra zona cómoda y asumir riesgos.

 

La mala noticia, es que esa respuesta nadie la tiene, debemos arriesgar algo para poder conseguir lo que queremos, se trata de ir dando los pasos necesarios y hacernos cargo, lo único que tenemos claro es el presente y el pasado nos sirve de aprendizaje, pues tampoco lo podemos cambiar... como escuché decir a alguien por ahí - de saber que me iba a caer, habría pasado arrastrado-

 

Elkin Botero

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